24 de diciembre de 2007

Angeles Caidos


Se esfumaron la ilusión,
La admiración y hasta las palabras .

Se esfumaron los besos,
La pasión y las caricias.

Yaciendo en el lecho sus soledades,
Unidos por invisibles contratos
Asemejaban sus cuerpos
A dos ángeles caídos.

12 de diciembre de 2007

Para Viki

Dedicado a esa gran enfermera que cura el cuerpo con sus manos y experiencia y alivia el corazón con sus palabras.
El Poder de Elegir

Yo estaba encerrada en una concha.
Creía que era incapaz de cambiar de vida.

Luego encontré
la profundidad del mar,
la belleza del cielo,
la libertad de los pájaros,
la fuerza del viento,
la ligereza de las nubes,
la luz del sol,
y he sentido que todo eso
era yo.

Yo era profunda como el mar,
bella como el cielo,
libre como los pájaros,
potente como el viento,
ligera como las nubes,
luminosa como el sol,

y entonces he elegido volver a ser lo que era.

Anne Marquier

Olor a otoño



Soplaba el viento y las innumerables hojas caídas formaban un manto ocre sobre las aceras. El olor a otoño y hojas secas impregnaba toda la ciudad.

Cristina caminaba como una autómata, seguía el rumbo predeterminado por la costumbre.
Miles de pensamientos se agolpaban en su mente y la tristeza le hizo un nudo en el corazón.
Sin saber como, la vida se le había complicado de la noche a la mañana. Cada día, sin tregua, surgía una nueva circunstancia peor que la anterior y ni su cabeza ni su ánimo tenían tiempo de reponerse de cada nuevo golpe de la vida. Uff, necesitaba recuperar el aliento.

¡Dios, cómo añoraba en estos momentos sus charlas con Frank¡ El sabía como conseguir su sonrisa y sabía, incluso con una sola palabra, darle ánimo en los momentos más bajos; la conocía muy bien pero… ahora no podía contar con él, se había esfumado como otras tantas veces.
A pesar de todo, algún extraño canal de comunicación había quedado abierto entre ellos ya que más de una vez, cuando menos se lo esperaba, seguía percibiendo muchos de sus estados de ánimo. Ahora, su intuición y su corazón le decían que tampoco él estaba pasando por su mejor momento. De todos modos, una cosa era cierta, ambos eran lo suficientemente inteligentes, astutos y fuertes para salir adelante contra viento y marea; es posible que tuvieran momentos bajos y de desánimo, pero eran guerreros, eran luchadores. En fin, quien sabe si todas esas sensaciones eran fruto de eso que llamaban Karma o algo así.

Se detuvo frente a la puerta de su trabajo, aspiró profundamente y tomó el ascensor.
Un nuevo día de lucha se iniciaba y ella no podía deponer las armas.
B.28.11.07

22 de noviembre de 2007

Abandono



Cojo tu mano, acaricio tu frente,
no te abandono.


Velo tu sueño, beso tus ojos,
no te abandono.

Pelearás conmigo, sí niño mío pero…
no te abandono.

Seré tu sombra, seré tu guía,
no te abandono.

Siempre estaré cerca, no te preocupes,
jamás abandono.

8 de noviembre de 2007

En la noche



Pensado en mil historias, evoco y tal vez hasta invoco de nuevo tu presencia.
Busco tus palabras en el silencio de la noche, en el susurro del viento, en el murmullo del agua, en el brillo de una estrella y hasta en los latidos del corazón.
Busco, busco pero… nada encuentro.

Acompañada de mi soledad quiero evadirme y soñar.
Soñar que estás a mi lado, que respiro tu aliento, sentir que necesitas de mí.
Soñar que la libertad soy yo, que ya nada me hiere, que ya nada me angustia,
que ya no derramaré más lágrimas de tristeza y dolor.
Tal vez tener la ilusión de ser la princesa de alguien en sus sueños.
Soñar… soñar y no despertar.

Mi voz, ahogada en un grito desesperado, clama por ti.
La noche me envuelve… percibo tu aroma… ya tus labios se deslizan lenta y suavemente por mi hombro… si, de nuevo tu presencia.

La cita





El día había amanecido desapacible y gris. Cristina, mientras se desperezaba, miró por la ventana, exhaló un profundo suspiro y pensó en todo el trabajo y en las reuniones que tenía a lo largo del día pero… en fin, era lo que tocaba.

Llegó pronto a la oficina y se puso manos a la obra. Poco a poco fue quitándose las tareas y cuando miró el reloj se animó pensando que ya solo le quedaba pendiente una visita. A las doce en punto tomó su agenda, la documentación que necesitaba, lo metió todo en el portafolio y salió del despacho.
Mientras esperaba al ascensor dudaba entre si coger el coche o tal vez desplazarse en tren.
Al llegar a la calle comprobó que estaba lloviznando. Pensar en el tráfico, los atascos y el aparcamiento, hizo que hasta el cabello se le erizara. No dudó más, estaba decidido, iría en tren.

Llegó con el tiempo justo para comprar el billete y ya en el andén pensó en Frank.
¿Seguiría trabajando en el mismo sitio? Lo cierto es que hacía mucho tiempo que no se veían pero aún así, en ocasiones, lo seguía sintiendo muy cerca. Si, tal vez esta podía ser una buena ocasión para reencontrarse. En cuanto acabara la visita le llamaría.

Seguía absorta en sus pensamientos cuando el tren hizo su entrada en la estación. Miró por la ventanilla, al menos allí no llovía.
Caminó unos pasos por el andén, se detuvo por un instante, miró a derecha e izquierda buscando la salida y una vez localizada, sin perder más tiempo, se dirigió a la oficina donde tenía la entrevista.
Llegó a la hora concertada, la estaban esperando. El gerente tenía prisa, le había surgido un imprevisto y no disponía de mucho tiempo así que, fueron al grano y en veinte minutos estaba fuera. ¡Guauuu! No se lo podía ni creer.

Salio a la calle, encendió un pitillo y buscó el teléfono de Frank. Segundos después una voz cálida y profunda llegó a sus oídos.
-¿Diga?
-Hola Frank, soy Cris ¿puedes hablar?
- Por supuesto pero… ¿dónde estás?
-Estoy aquí, cerca de tu trabajo, bueno… suponiendo que sigas en el mismo sitio, claro.
-Sigo, todavía sigo ¿y bien?
- ¿Tienes tiempo para tomar algo? así nos vemos y charlamos un rato ¿qué te parece?
-Ok, en media hora acabo. Me esperas en la plaza ¿de acuerdo?
-Perfecto, allí estaré.

Cris encaminó sus pasos hacia la pequeña plaza, buscó un banco libre y se sentó a esperar.
Ring… ring… ring.. Vaya, ahora sonaba el móvil, ¿quien sería?
-¿Diga?
-Oye ¿donde estás? No te veo.
- Pues yo a ti si… mira a la izquierda… ¿me ves ahora?
- Si, voy para allá.
Puntual como siempre, así era él.

Mientras se acercaba no podía dejar de mirarle y recordó aquella hermosa frase de George Sand que decía: “Te amo tanto, pero tanto, como para amarte y no ser amado, puesto que nada me place tanto como verte feliz”. Suspiró de nuevo.
Se dieron un tímido beso en los labios a modo de saludo y una gran sonrisa iluminó sus rostros.

Era la hora del almuerzo así que empezaron a buscar algún lugar donde ir a comer algo. No había mucho para elegir, o un bar de bocatas o un restaurante oriental, así que se decidieron por este último.
El local era acogedor y relativamente tranquilo, con tenues luces y música instrumental. Les acomodaron en una mesa y pidieron el menú; a los pocos minutos ya les estaban sirviendo los platos a una velocidad increíble.
A pesar de que tenían mucho que explicar, hablaban pausadamente, relajados, bromeando, riendo e intercambiando esas miradas que sólo ellos conocían. Así transcurrió la comida, en un ambiente tranquilo y distendido.
Cris le escuchaba atentamente, intentaba grabar en su memoria su rostro y sus gestos pero sabía que… se avecinaba el momento, él tenía que regresar a su trabajo y a ella todavía le quedaba un buen rato hasta llegar a casa.

Frank miró su reloj, pidió la cuenta y se dirigieron a la salida. Una vez fuera propuso acompañarla durante unos metros, así que tomaron la calle paralela a la que se encontraba y caminaron durante unos minutos. Próximos ya a la estación se detuvieron.
Una vez más llegaba el siempre difícil momento de la despedida y parecía que ninguno de los dos supiera cómo hacerlo.

Cris se puso de puntillas para darle un beso pero… caramba, había olvidado lo alto que era. Él rió ante la situación y buscó la manera de solucionar “el problema”. Tardó poco, ya que justo detrás, en el alféizar de la cristalera de una oficina bancaria se apoyó y la atrajo hacia él. Ahora ya no había ni alturas ni distancias.
Sus labios se buscaron, se encontraron y fundieron; él la estrechó entre sus brazos con ternura pero a la vez oprimiéndola con fuerza contra su pecho y sus manos se enlazaron de tal modo que parecía como si un imán las atrajera.
Los ruidos, la gente, todo, todo desapareció para Cris, era como si flotara en otro mundo, un mundo de pasión, bienestar y silencio. Un mundo de dos.
A pesar del tiempo que había transcurrido desde su último encuentro, comprobó que no había olvidado aquellos labios, ni el sabor de sus besos, ni el calor de aquellas manos, no, no los había olvidado.
Se miraron a los ojos y tras unas palabras cada uno tomó una dirección pero, Cris, mientras caminaba hacia la estación no pudo evitar volver la cabeza y ver como él se alejaba.

Nadie más había en su vagón. Absorta nuevamente en sus pensamientos, miró por la ventanilla; si aquello había sido un sueño no quería despertar de él.
La tarde seguía desapacible y gris. Sonó un silbato y, al partir el tren, hasta el cielo lloró su ausencia.

Verte


Ha sido verte
y hasta las nubes se han disipado.

Ha sido verte
y la noche se tornó apacible y más hermosa.

Ha sido verte
y las estrellas brillaron radiantes en el firmamento.

Ha sido verte
y un soplo de fresco aire ha llegado a mi alma.

Verte...

al fin...

volver a verte.

29 de octubre de 2007

Ritual


Metió todo en una bolsa y salió de casa. Caía la noche. Cris encaminó sus pasos hacia lo profundo del bosque y al llegar a un claro se detuvo; de rodillas volvió a vaciar la bolsa.
Siguió el ritual que se había marcado, encendió la vela y cavó un poco en la tierra. En silencio depositó la prenda que había traído consigo y lentamente fue quemando los papelillos en los que había anotado todo aquello que quería desterrar de su vida.
El fuego los fue consumiendo y unas lágrimas se deslizaron por su rostro.
Aunque fuera de un modo simbólico, era duro, muy duro enterrar parte de su pasado, sus sentimientos pero… debía hacerlo. Aquella Cris de antaño, la que no quería dejar marchar, ya no existía.
Cubrió todo nuevamente con la tierra y sin mirar atrás se alejó del lugar. Allí quedaron sus penas, desilusiones y angustias, allí quedaron muchos recuerdos.
La luna brillaba intensamente en la noche y cientos de estrellas parpadeaban en el cielo.
Se sentía fuerte una vez más, debía seguir su camino. Lanzó un beso al aire, esperando arribara a su destino y una sonrisa volvió a iluminar su rostro.

14 de octubre de 2007

Helena


Despuntaba el día y Helena no había conseguido pegar ojo en toda la noche. Sonó el despertador. Estaba cansada, muy cansada.

La vida era injusta con ella, al igual que lo eran muchos de los que normalmente la rodeaban. No, no se merecía aquel trato.


Buscó en su cabeza alguna razón por la que valiera la pena levantarse y la verdad es que no la encontraba. Cada día le era más difícil levantar el telón y representar los personajes que a lo largo de su vida le fueron asignando. Aún así, hizo un soberano esfuerzo, puso los pies en el suelo, preparó un café muy cargado, una tostada y se sentó pensativa.

Tiempo atrás, su corazón estaba tranquilo. Nada buscaba, nada quería, su quehacer diario era previsible, solitario y monótono; quien le iba a decir, quien podía siquiera imaginar que alguien como Rafael entraría en su vida como un torbellino.

Familia, trabajo, amigos… con él todo se trastocó. Fue una brisa de aire fresco, alegría, emoción y pasión la que la inundó. Sólo él consiguió que sus ojos volvieran a recuperar aquel brillo de antaño, de una juventud ya perdida, sólo él consiguió que volviera a soñar.

Mordisqueó la tostada: intuía que había llegado el momento, era duro pero, debía enfrentarse a la realidad.

Desconocía en qué momento había ocurrido, pero lo cierto era que él la ignoraba, sus llamadas se distanciaban cada vez más en el tiempo, inventaba siempre mil excusas, apenas se veían y aún así, arrastrada por una fuerza invisible, cada vez que le veía ella caía en sus brazos con apenas un beso. ¿Por qué? ¿ por qué le entregó su corazón, su alma y todo su ser? No, no era justo aquel trato.

Las lágrimas seguían descendiendo lentamente por su rostro y recordó una frase, tal vez de autor desconocido, que decía: “querer es exigir, amar es dar” y ella… se lo había dado todo.

Si, incomprensiblemente le seguía amando. Pero, ¿cómo había sido tan estúpida?; jamás le escuchó decir un “te quiero”, seguramente para Rafael ella sólo era un capricho pasajero, tal vez un simple juego para reafirmar su ego, como una muñeca que al principio te ilusiona, una muñeca con la que te entretienes un rato pero que despúes dejas en un rincón y, ese pensamiento le rompía el alma. Se sentía engañada, dolida, maltratada y ya sin fuerzas para seguir luchando. Le hubiera gustado gritar pero… estaba cansada, muy cansada.

Dejó la caja vacía sobre la mesa, apuró el último sorbo de café y volvió a la cama. Ya no había vuelta atrás.

Sonaba una dulce música en la habitación; acurrucada, abrazó la almohada, su rostro dibujó una leve sonrisa. Una sensación de bienestar la envolvió y una última lágrima llegó hasta sus labios. Ya sólo era cuestión de esperar.

6 de octubre de 2007

A quien corresponda __






No hay olvido donde hay huella
aunque el silencio sea largo y profundo…

Sigo esperando que vuelvan
las sirenas que secuestran al sol
mientras llora desconsoladamente el mar.

Y escuchar de tu voz un secreto
que empieza y nunca acaba,
que va y viene,
y se va…

Y que vengas…
porque necesitas contarme tantas cosas:
los veranos de tranquilón y alfalfa,
los otoños de vides,
los inviernos de abrigo,
y las madrugadas oscuras,
oscuras como para pescar estrellas;
y el cansancio…
ese cansancio de no saber
y saberte tan lejos…
…y, a la vez,
tan cerca.

Sigilosa te asomas, como siempre, a mi ventana
y percibo
tu sombra y tu sonrisa,
tu perfume y tu silencio,
tu luz callada y tu voz rota
tu impaciente paciencia,
tu discreción y tu respeto.

Hoy quiero romper este silencio
profundo y largo
porque no hay olvido
donde hay huella.

Joshua Naraim

3 de octubre de 2007

La vía






Triste vía solitaria,
que acercas y alejas caminos,
jamás podrás saber
las ansias o tristezas
que llevaron tus destinos.

26 de septiembre de 2007

Un día especial


Hoy era un día especial.
El templo había recuperado el esplendor perdido durante meses por las grises nubes que lo habían cubierto.
Hoy era un día especial.
Pensaba que tal vez aparecería después de un largo tiempo de silencio.
Hoy era un día especial.
Hasta la tecnología se había puesto en contra, era imposible comunicarse.
Hoy era un día especial.
Era su día, quería desearle todo lo mejor, quería compartir por unos momentos risas y complicidad.
Hoy era un día especial.
Se preguntaba si, aunque fuera por un instante, él la habría tenido en su pensamiento.
Sí, hoy, había sido un día muy pero que muy especial.


>>__>>__>>__>>__>>__>>__>>__>>__>>__>>__>>__>>__>>__>>__>>__>>__>>
>>__>>__>>__>>__>>__>>__>>__>>__>>__>>__>>__>>__>>__>>__>>__>>__>>

20 de septiembre de 2007

I can't _ No puedo



Dear Frank __ __

Do you know? I can’t
I can’t forget that shine in your eyes
Neither can I forget your sweet smile
Or the flavour of your kisses
Or the passion of your caresses

Do you know? You were right
In all moment, there are each second
You follow me accompanying and protecting
Continue illuminating my shades.

Don you know? It’s impossible to forget
I can’t .


* * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * * *
Estimado Frank __ __

¿Sabes? No puedo,
No puedo olvidar aquel brillo en tus ojos
Ni puedo olvidar tu dulce sonrisa
Ni el sabor de tus besos
Ni la pasión de tus caricias.
¿Sabes? Tenías razón
En todo momento, a cada segundo
Me sigues acompañando y protegiendo
Continúas iluminando mis sombras.
¿Sabes? Es imposible olvidarte
No puedo.

Tum tum


Como una estrella solitaria en la inmensidad del espacio,

tum tum, tum tum,

el silencio roto por los latidos de un corazón,

tum tum, tum tum,

sólo unos ojos la consiguen ver,

tum tum, tum tum,

iradiando una luz que no va a ninguna parte

tum tum, tum tum...

silencio... sólo silencio.

Si me vieras



Si me vieras... y me miraras aunque fuera un instante,
mis ojos te dirían aquello que mi boca calla.
Si me vieras... y escucharas mi voz nuevamente,
mis palabras serían como música en tu alma.
Si me vieras... y tan siquiera me rozaras levemente,
compartiría contigo todo mi calor.
Si me vieras... si de nuevo quisieras mirarme...tal vez entonces podría volver a sonreír.

Niebla


Conducir entre la niebla, así se asemeja el transcurrir de la vida.
No vemos, sólo seguimos el camino trazado por otros, siempre sin perder las líneas de vista, siempre con temor a lo que no se ve, a lo desconocido, temor a un posible peligro oculto.


Conducimos y conducimos a través de la vida con tensión, con todos nuestros sentidos alerta, sin permitirnos un instante de sosiego y sólo sabemos que el camino sigue y sigue. Somos incapaces de vislumbrar forma alguna, luz o color, sólo imaginamos cómo sería ese mismo camino sin esa espesa niebla que lo envuelve.


A veces, pequeñas lucecitas se ven en la lejanía pero sólo son otros que conducen en sentido contrario, que se esfuman antes de poder siquiera verlos a nuestro lado, que se pierden para siempre, engullidos por esa niebla que nos ciega.

Desconectar



Desconectar del trabajo,
La rutina y el agobio.

Desconectar de la humillación,
La opresión y el miedo.

Desconectar de los sueños,
La esperanza y la ilusión.

Desconectar de la ternura,
La pasión y el amor.

Desconectar ….

Sang



Mis noches, mis días
mi alegría, mi pena
sin el roce de tus labios
no corre sangre por mis venas.

19 de septiembre de 2007



Tu sonrisa,
camino de las nubes.
Tu aliento,
brisa que mece las hojas.
Tu boca,
fuente que sacia.
Tus manos,
plumas que acarician.
Tus ojos,
sol que refleja.
Tus palabras,
infierno y cielo.
Tu mente,
inspiración y fuerza.
Tu esencia… tú.

Tu recuerdo



Tu recuerdo sigue aquí,
noche y día
sin cesar.
Vida mía ya no sé,
ya no sé lo que pensar,
si en tus besos, en tu amor,
o en si te tengo que olvidar,
sólo sé que con tu adiós
mi vida te llevaste al marchar.

Poder


Poder verte, sin verte
Poder sentir, sin tocarte
Poder intuir tu presencia
Poder sin saber
Saber sin poder
¿Qué poder es este?
¿Es la luz de tus ojos?
¿el reflejo de tu esencia?
¿es el brillo de la vida?
Es…
Sencillamente, eres tú.

Nunca


Nunca, nunca conocerán el fondo, la esencia que todo lo llena,
aliento divino, fluir de la mente, palpitar de un pensamiento,
no, nunca lo conocerán.
Ojos ciegos a la vida, al saber, a descubrir, ciegos a los propios sueños,
no, nunca lo conocerán.
Nunca, tal vez nunca consigan ser libres.

¿Será miedo?
Miedo a hablar y a no hablar,
miedo a sentir o a no sentir,
a tocar o a no tocar,
al que dirán o no dirán,
a tener, a perder,
o tal vez a ganar?
Miedo a mirar nuestro yo oculto
y ver lo que realmente somos, lo que soñamos, lo que deseamos...

¿Huir ?
¿De ti?
¿De mi?
¿De quien?
Compromisos, trabajo, reconocimiento,
prejuicios, familia, amigos, dinero... todos, todos ellos atan.
Sólo, sólo si escuchamos a nuestro Yo,
al Yo que quiere, que sueña, que desea, que siente y que ama,
sólo si lo escuchamos,
llegaremos por fin a VIVIR.

III.- El torreón



Atardecía y los últimos rayos del sol iluminaban el torreón. Libros, vasijas y tapices cobraban un nuevo color y sus sombras se apoderaban lentamente de las paredes. El silencio que reinaba sólo se quebraba con la respiración lenta y sincopada de Lady Brishen .

Miró su imagen reflejada en el enorme espejo, los puños de su hermoso traje caían hacia el suelo como si de una cascada se tratara; su largo y ondulado cabello reposaba sobre sus hombros. Por un instante detuvo la mirada en sus ojos pero en ellos sólo vio un inmenso vacío: desde que Sir Febal de Rigramont había partido a la batalla el tiempo se había detenido para ella.


Lentamente recorrió la estancia hasta llegar al ventanal. Desde allí divisaba como el mar rompia en el acantilado al que cada tarde acudía esperando el regreso de su amado. Allí, con la mirada perdida en el horizonte, escuchando el rumor de las olas, su mente volaba más allá de las estrellas, libre, a través del infinito… La vida, seguía pero aquella espera le rompía el alma.
Vivía pensando en su regreso, en volver a perderse en su mirada, en sentir nuevamente la ternura de sus palabras, el dulce sabor de sus besos. Así, poco a poco, casi sin percatarse de ello, se había ido encerrado en su pequeño mundo de ilusión, en su torreón.

Soplaba el viento y densos nubarrones se apoderaban del cielo, era un día extraño, muy extraño. Insistentemente, la imagen de su caballero se hacía presente en su mente, sus dedos no dejaban de acariciar el pequeño camafeo que él le regaló antes de partir y una sensación de angustia oprimía su pecho. Algo no iba bien, presentía el peligro.

Al volver aquella tarde de su paseo por el acantilado se detuvo junto a una encina. Por unos instantes, se recostó y escuchando el murmullo de las hojas mecidas por el viento quedó adormecida. Fue entonces cuando súbitamente se vió junto a él.
Suavemente acaricio sus cabellos y tras mirar sus profundos ojos le susurró unas palabras al oído. Sir Febal sonrió. El sabía que a pesar de la distancia que los separaba, sus almas permanecían unidas y que su Dama siempre estaba junto a él iluminando sus sombras.
Despertó lentamente. Una sonrisa iluminaba su rostro y una desconocida sensación de paz invadía su alma, el peligro había pasado pero … ¿Había sido sólo un sueño?.

Jamás llegó a saberlo ya que un bello atardecer, allí en el acantilado, mirando al mar, con la brisa acariciando su rostro, fue arropada por unas cálidas alas que dulcemente la llevaron más allá del torreón para seguir junto a las estrellas, esperando el regreso de su amado.

18 de septiembre de 2007

II.- La batalla



Amanecía y densos nubarrones cubrían el cielo.
El campamento había despertado y los soldados preparaban a los nerviosos corceles. Todo era movimiento y agitación.
Los caballeros, reunidos en la tienda de Sir Febal de Rigramont discutían acaloradamente.
El último asalto había sido feroz y sangriento. Su enemigo era superior en número y sabían que los refuerzos enviados por el rey no llegarían a tiempo. ¿Qué hacer ante todo esto? .

Abrumado por las voces y el hedor que flotaba en el ambiente, Sir Febal se alejó del grupo, dirigió sus pasos hacia el pequeño bosque y allí, recostado junto a un árbol cerró los ojos.
Al instante la imagen de su Dama apareció junto a él. Se inclinó y tras rozar levemente sus cabellos, con voz dulce, le susurró al oído: “Mi Señor, no debéis preocuparos, mi luz os acompaña y no dejaré que nada malo os ocurra. Tan sólo debéis llevar cerca de vuestro corazón el pequeño amuleto que os entregué antes de partir. Recordadlo y confiad en mí.”
Dicho esto, la imagen se esfumó lentamente.

Decidido, lleno de fuerza y entusiasmo regresó junto al resto de los caballeros.
“¡Señores, la victoria está cerca y no debemos hacerla esperar! Todos se miraron: ¿Qué le estaba ocurriendo? ¿Acaso olvidaba que las tropas estaban diezmadas y que las posibilidades de ganar la batalla eran casi nulas?

Pero Sir Febal de Rigramont no escuchaba ya sus voces. Enfundado en su cota de malla, cubriendo su pecho sólo con un peto de cuero y empuñando su espada montó a su caballo.
Ante tal alarde de bravura el resto de caballeros siguieron sus pasos y al poco estaban todos preparados para entrar en la que tal vez fuera su última batalla.

Sonaban las trompetas y ondeaban los estandartes. Sólo se oía el galopar de los caballos y los gritos eufóricos de las tropas.
En lo alto de la colina el enemigo estaba esperando.

Sir Febal cerró los ojos por un instante, toco su pecho, respiró profundamente y desenfundó su espada. A su señal se inició el ataque. A los pocos minutos silbaron las flechas, las espadas se cruzaron y la sangre empezó a derramarse.
Sobre su caballo asestaba certeros golpes, dejando a su paso un reguero de cadáveres. Sus cabellos mojados por el sudor y pegados a su rostro no entorpecían su visión.
Las palabras de su amada retumbaban en su mente sin cesar y sus ojos reflejaban la determinación que le guiaba. Ya nada podía detenerle.

Las nubes se habían teñido de violeta y el estruendo provocado por los golpes del acero ahogaba los gritos de los que caían.
De repente todo oscureció, cayó del caballo, le habían derribado. Todo podía acabar en un instante. Su adversario alzó la espada y le asestó un golpe en el pecho que no pudo atravesarle. El amuleto de su amada, a modo de escudo lo impidió. Ante el estupor de su contrincante, no lo dudó, desenvainó su daga y hábilmente se la clavó en la yugular provocándole una muerte fulminante.
Poco a poco fue haciéndose el silencio hasta que unos gritos de júbilo lo rompieron. En medio del furor de la contienda no se había percatado de que había acabado con el líder de las tropas enemigas.

Sonaron las trompetas, ondearon los estandartes, alzó la mirada al cielo y exhaló un profundo suspiro. La victoria era suya.

I.- La espera



Como cada atardecer ella se acercaba al acantilado.

Su figura esbelta, ataviada con una túnica blanca, se recortaba en el horizonte; la brisa mecía sus ropas y su cabello ondulaba al viento. Así, inmóvil y con la mirada perdida en la lejanía transcurrían los días.

Allí, mirando hacia el infinito se sentía nuevamente junto a él. No recordaba el tiempo de cuando marchó a la batalla. Sólo esperaba. Esperaba el regreso de quién tanto la amó. Sabía que él la escuchaba allá donde estuviere, sus almas seguían unidas. Sentía el sabor de sus besos, el roce de sus manos, el calor de su piel.

Pero... nadie veía sus ojos tristes, nadie sentía el dolor que oprimía su pecho, nadie sabía. Sólo el mar conocía de su llanto silencioso, sólo el cielo vio sus lágrimas y sólo Dios sabía de su temor.
Y cada nuevo atardecer, allí podían verla; su cabello al viento, sus ropas mecidas por la brisa y sus ojos perdidos buscando más allá del horizonte. Sólo un grito sordo, sordo y desesperado rompía su alma.

Allí la encontraron, en el acantilado, inmóvil, tendida sobre la verde hierba, con sus ojos mirando hacia el mar, esperando, esperando el regreso de su amado por toda la eternidad.
“Pasaron los siglos y…

Ella llegó al trabajo como cada día, todo era normal excepto ese hormigueo que tenía en el estómago. Recordaba la conversación mantenida el día anterior y sonreía. Nada había cambiado; estaba sentada ante la pantalla del ordenador y su mente… pensando en él.

Así fueron transcurriendo las horas hasta que de repente sonó el teléfono. Su corazón dio un vuelco al oír aquella voz al otro lado del hilo telefónico. Era él.
Estuvieron charlando durante un corto espacio de tiempo, hasta que llegó la esperada pregunta: “¿Nos vemos?”.

Durante el resto de la mañana no paró de sonreír, intentaba imaginar en cómo sería ese encuentro.

Llegó puntual a la cita, su mirada recorrió todo el local, no le vio. Observaba el fluir de los vehículos a través de la cristalera y un desconocido sobre una potente moto le llamó la atención. Se le antojó como un antiguo caballero a lomos de su cabalgadura, enfundado en un traje negro, con el cabello largo sobresaliendo del casco, ondeando al viento. Apartó su mirada, se acomodó en la barra y al poco tuvo la sensación de que alguien estaba a su espalda, notaba el calor de un cuerpo próximo al suyo y una voz cálida le susurró un saludo.

Ella se giró, se miraron y sonrieron... era el desconocido caballero. Hubo un corto período de tiempo en que casi no se hablaban. Las miradas establecían una batalla campal intentando hablar y leer uno del otro sin parar. Él le pidió un cigarrillo, a lo que ella respondió ofreciéndole el suyo. No había pintalabios, pero sí impregnado el dulce sabor de sus labios. Él se percató de ello y se recreó, disimuladamente, con ese aroma deseado.

Se habían acomodado al final del bar, en un rincón, no oscuro, pero con menos intensidad de luz. Por unos momentos fue como si estuvieran allí solos.
Discurría la charla tal como ella se había imaginado, su percepción había sido la correcta. Era un hombre de charla amena, inteligente y con un fino sentido del humor, además, físicamente lo encontraba muy atractivo. Su mirada y su sonrisa la tenían cautivada.
Ella lo miraba y su corazón le decía que ya le conocía aunque su mente, por supuesto, se oponía a aquel pensamiento. Aquello no era lógico, era imposible, era su primera cita.

Se sintió invadida de repente por un sentimiento de familiaridad, sentía que ya conocía profundamente a esa persona, a un nivel que rebasaba los límites de la conciencia, con una profundidad que normalmente está reservada para los más íntimos. O incluso más profundamente. Junto a él sentía una seguridad y una confianza enormes, que no se adquieren en días, semanas, meses o años.

Cada vez le notaba más cerca, notaba más su calor, sus manos se rozaron y una descarga recorrió su cuerpo, se dieron un tímido beso. En ese instante su alma recobró la vida súbitamente. Ambos se miraron, ¿estaría él leyendo sus pensamientos?.
Por un instante cerró los ojos con el temor de que al abrirlos todo aquello hubiera sido un sueño.

No, no era un sueño. Él la estrechaba entre sus brazos, sentía como sus corazones latían descontroladamente; sus manos eran como plumas que les hacían estremecer.
Sus miradas se encontraron nuevamente y ya no hubo más palabras. Sus labios se unieron en un beso profundo y apasionado. El resto del mundo había dejado de existir para ellos.
Al fin se habían reencontrado.

La espera había durado siglos pero…valió la pena.

Espejismo



Pugnaban por brotar, por ver la luz.
Poco a poco, inundaban sus ojos, pero no, no debían salir.
Eran lágrimas de compasión por ella misma.
Su libertad, su felicidad, sólo habían sido un espejismo.

Dos estrellas


Dos estrellas, en el cielo
cada noche yo miraba.
La una junto a la otra,
nada las separaba.


Dos estrellas, en el cielo
cada noche yo buscaba.
La una fiel en su sitio,
la otra
día a día se alejaba.


Y así fue mi amor por ti;
la búsqueda sin esperanza.

A Isidro


Isidro, ¿por qué te has ido? ¿porqué me has dejado así, sin despedirte siquiera?
Me lo dijeron por teléfono,no lo creí.
Pensé en todo lo que podía haber sido y no fue.
Pensé en tu sonrisa,tus bromas,y en tus caras serias.
He revivido tantas y tantas cosas que por desgracia ya pertenecen al pasado.
Pero dime: ¿por qué te has ido?

Empezabas a vivir, todo te pertenecía y... un monstruo te ha llevado con él.
¿Has pensado en los que aquí quedamos? Seguro que no, de otra manera, creo que no habría ocurrido.
Ahora estamos tristes, muy tristes pero manteniendo tu recuerdo.
Si Isidro, nos queda tu recuerdo, lleno de vida, alegría y ganas de triunfar.
Te queremos aquí, entre nosotros.

Recuérdanos Isidro, recuérdanos, nosotros no te olvidamos.
Pero... ¿por qué te has ido? ¿por qué te has marchado sin despedirte siquiera?

R.I.P. 28-09-1977

17-05-00

Tantos años han pasado
desde mi primer poema
que me extraña estar ahora
escribiendo estas letras.

¡Qué distinta se ve la vida
con el paso del tiempo!
Una visión nueva,
un nuevo reencuentro.

Cuantos sueños e ilusiones
se perdieron por momentos,
momentos de incertidumbre,
miedos, dudas y lamentos.

Pero... sigo aquí, viva,
con mis sueños y anhelos,
luchando día a día
por mi trocito de cielo.

1-12-89 Mi niño



Cuanto tiempo abandonado
triste libro de poemas,
conocedor de mil silencios,
firme puerto de mis penas.
Eres mi buen amigo
siempre te tengo cerca.
De historias de desamor
están tus páginas llenas;
algunas por propias las tengo
otras por cuenta ajena.
Algo ha cambiado en mi vida
y no me he dado ni cuenta.
Ya no soy aquella niña
de mil ilusiones plena;
la vida es muy dura a veces,
te pone los pies en tierra
no hay príncipes azules
ni hadas madrinas buenas
ni todo color de rosa
como cuenta la leyenda.
Donde hubo amor hay odio
donde alegría, tristeza,
rencor y desilusión
mucho miedo y poca fuerza.
¡Alegría de la vida
vuelve a inundar mis venas,
recorre todo mi cuerpo
llénalo de savia nueva !.
Del cielo y de ti espero
templanza ante los problemas,
esperanza en las personas
y en mi hijo fortaleza.

13 de septiembre de 2007

Amor oculto


A ti, mi gran amor,
mi amor oculto,
mi amor de años,
mi amor perdido,
a ti, dedico estas palabras.
Siempre aquí,
siempre presente,
siempre a mi lado,
siempre conmigo.
Descubrí contigo lo que jamás pensé que podría descubrir
y a pesar del tiempo transcurrido, siempre te he sentido junto a mi.

A ti, mi gran amor,
mi amor oculto,
mi amor temprano,
mi amor perdido…
Niña mía, tal vez nunca más nos encontremos
pero siempre serás mi gran amor,
mi amor oculto,
mi amor soñado,
mi amor perdido.

Efímera alegría



Mi piel ansía tu piel,
aún a sabiendas,
de que tal vez,
sea incapaz de mostrar mi desnudez.

Aliento de vida,
de ilusión y esperanza,
efímera alegría
de una cruz diaria.

Ignoras o no
el poder de tus palabras,
de tu mirada , tu sonrisa,
tu equilibrio y tu calma.

Bálsamo perdido
¿dónde te hallas?
Fuiste efímera alegría
de esa cruz diaria.

La Mochila



Cuando se llega a esta vida a todos se nos da una mochila. Poco a poco cada uno la va llenando de sueños e ilusiones, a veces, incluso se llega a pensar que se necesitará algo más grande, como una maleta o un baúl, para poder dar cabida a todos ellos.

Sin embargo llega un día en que, sin saber como, esa mochila está vacía y es entonces cuando se descubre que, en el fondo, hay un pequeño agujero por el que todos aquellos sueños acumulados durante tanto tiempo se han ido perdiendo y por más que una y otra vez intentemos llenarla, es casi imposible, se esfuman y desaparecen con la misma rapidez con que llegaron.

Pero a pesar de todo ello, siempre quedará alguno de esos sueños aferrado a las costuras de la mochila y ese sueño será el que nos dará nuevamente un sentido para vivir.

9 de agosto de 2007

05-05-05


"Mientras se miraban, se desplazaron en sueños a un mundo maravilloso del que no querían regresar… así que permanecieron abrazados, fundidos en un beso eterno."


Alas



Al fin llegó mi momento
y sólo tengo un deseo
que Dios me dé alas
para subir hasta el cielo
y jugar allí con las estrellas
como si fuera el recreo.


Desde el cielo brillaré
para cuidar a mi anhelo,
a mi esperanza, mi alegría,
a mi amor y mi tormento.



Siempre estaré allí
con mi alegre parpadeo,
con mi luz y mi sonrisa
ya para siempre en el cielo

Mago



Mil pensamientos me inundan
Y no halla descanso mi alma
Quien pudiera ser como mi sueño
Como mi mago de la palabra.


Las utiliza a su antojo
Las inventa, crea y enlaza
Sentimientos que toman forma
Que te llegan hasta el alma


Como el brillo de las estrellas
Así son sus palabras
Y envidia siento de ellas
Por no ser destinataria


Mago de luz
Mago de noches
Mago de soledad y esperanza
Mi dulce Mago del alma.

8 de agosto de 2007

5 lágrimas



Cinco, sólo cinco lágrimas resbalaron por su mejilla, no más, sólo había comprado cinco, sólo cinco y voló por el azul del cielo en busca de su estrella.


Voló y voló... deslumbrada por su brillo se le antojaban todas ellas como diamantes colgados de la nada.


¿Cómo alcanzarla si esta cada vez se alejaba más?


Voló y voló y otras estrellas se cruzaron en su camino, ofreciéndole su luz pero... ella voló y voló por ti.


Sólo quería estar nuevamente junto a su estrella